A mediados del año pasado, en Brasil, la cadena TV Globo anunció la experimentación de un sistema que promete revolucionar la industria en Latinoamérica: el ATSC 3.0, también conocido como “TV 3.0”. Este estándar no solo permite visualizar contenidos en resoluciones 4K e incluso 8K, sino que convive con las señales HD actuales. Sin embargo, su mayor innovación radica en la integración de servicios como publicidad segmentada, interactividad de datos y el llamado “t-commerce”, que permite comprar un artículo que aparece en pantalla sin necesidad de ir al computador o al celular.

Brasil es el pionero en la región y planea implementar esta tecnología este año, estrenándola en algunas plazas como São Paulo y Río de Janeiro durante el próximo Mundial de Fútbol en Norteamérica.

Argentina también se ha sumado a esta tendencia, aunque de manera más discreta. ARTEAR, el holding dueño de El Trece y parte del Grupo Clarín, anunció pruebas internas para evaluar la factibilidad técnica y comercial del sistema. Esta tecnología permitirá a los canales ofrecer publicidad digital dirigida, un área en la que gran parte de Sudamérica aún está rezagada debido a un modelo de televisión lineal que ha tardado en adaptarse a la revolución del streaming. Es precisamente en las plataformas digitales donde se concentra la mayor cantidad de nuevos usuarios, especialmente de las generaciones Millennial y Z, quienes suelen ser reacios al consumo de televisión tradicional.

Ante este panorama, nos preguntamos: ¿Por qué Brasil decide cambiar de norma si fue el principal promotor del estándar ISDB-Tb? Resulta paradójico que el país que adaptó y “evangelizó” la norma japonesa para toda la región ahora lidere la transición hacia un modelo completamente diferente, dejando en obsolencia la norma actual.

¿Qué es la TVD 3.0?

Desde una perspectiva técnica, la TV 3.0 representa un cambio de paradigma: ya no es solo televisión convencional de toda la vida, sino una norma que integra de forma nativa la radiodifusión con el streaming. Este servicio híbrido desbloquea capacidades que la norma actual no puede soportar:

  • Ultra Alta Definición (4K/8K): El sistema permite transmitir imágenes con una nitidez absoluta, ofreciendo una experiencia inmersiva ideal para eventos deportivos, como por ejemplo el fútbol. Esto se complementa con audio inmersivo, que permite enriquecer el oído con un sonido limpio, multicanal y de alta fidelidad.
  • TV Híbrida y Servicios de Emergencia: Al igual que en Europa con el estándar Hybrid Broadcast Broadband TV (HbbTV), este sistema combina la señal lineal de aire con contenidos de internet. Esto facilita la personalización de contenidos, aplicaciones interactivas y servicios de utilidad pública como informes meteorológicos. Un aspecto crítico para Chile es la mejora en los sistemas de alerta temprana (como el SAE) o la detección de sismos, permitiendo una comunicación más robusta en emergencias.
  • Segmentación y Publicidad Dirigida: Esta es una salvación para una industria televisiva chilena ante la crisis financiera en la que se encuentra. La TV 3.0 permite el ad-insertion (inserción de publicidad) segmentado por audiencias específicas o zonas geográficas. Por ejemplo, este sistema de publicidad permite que un televidente en Santiago vea un anuncio distinto a uno en Concepción, optimizando la inversión publicitaria, tal como lo hace Youtube, Pluto TV o Mercado Play, la plataforma de streaming de Mercado Libre.
  • Codecs de Última Generación: Para mover volúmenes de datos en 4K y 8K, se utilizan los estándares de compresión más eficientes del mercado: VVC (Versatile Video Coding) para video y MPEG-H para audio. Esto maximiza el uso del espectro radioeléctrico sin sacrificar la calidad.

En este sentido, la llegada de la TV 3.0 ofrece posibilidades que la norma actual (ISDB-Tb) simplemente no posee por sus limitaciones de ancho de banda y diseño. No obstante, surge la pregunta que incomoda a la industria y a las autoridades: ¿Está Chile realmente preparado para una nueva transición tecnológica cuando el “apagón analógico” apenas se completó el año pasado?

La norma ISBD-Tb en Chile ¿Obsoleto antes de su implementación?

Archivo / Canal 13

Chile viene saliendo de una transición del sistema analógico al digital que fue totalmente engorrosa. Este proceso ha dejado más dudas que certezas, especialmente en los sectores más vulnerables: adultos mayores y zonas rurales, quienes al depender de la señal abierta se encontraron que los canales salieran del aire por falta de conocimiento sobre la tecnología.

A pesar de que el estándar ISDB-Tb se adoptó en Chile a finales de la década del 2000, la burocracia política ralentizó su implementación con una legislación que tardó siete años en concretarse. A esto se sumó la resistencia de los propios canales, que solicitaron reiteradas prórrogas para el apagón analógico. Finalmente, tras la negativa de la Subsecretaría de Telecomunicaciones (SUBTEL) a nuevas postergaciones, la transición culminó en 2024. Sin embargo, para gran parte de la población, este hito pasó desapercibido debido a la alta penetración de sistemas de cable y plataformas de streaming como Zapping o DGO.

Debido a los problemas económicos que significó la digitalización y que obligaron a otros canales renunciar su concesiones análogas en algunas zonas del país, la industria nacional no parece tener ánimos para un nuevo salto tecnológico. La implementación de la TV 3.0 exigiría una inversión total en equipamiento 4K, renovación de estudios y sistemas de edición, algo que parece inviable en el actual escenario financiero por parte de los canales.

En simples palabras, al seguir con una norma que con los años ha perdido mucho valor, queda encaminada a quedar huérfana de actualizaciones, sin capacidad de competir con 4K o la interactividad. De hecho, se había tanteado integrar el sistema Ginga como parte de los datos de interacción de la norma, pero también quedó en el camino siendo un instrumento prácticamente muerto.

Otro punto a destacar es la publicidad ineficiente, esto porque los canales todavía depende de la publicidad líneal para mantenerse viable, y que buscan otras alternativas como los “reacts”, que ayudan en parte a rentabilizar el negocio y buscando nuevos nichos, pero siguen perdiendo la batalla contra los colosos como Netflix, Youtube o Disney+, ya que el modelo es totalmente diferente a lo que ofrece un pequeño mercado televisivo como el nuestro.

Un pequeño avance en aplicativos

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Pero no todo está perdido, por ahora, ya que recientemente la SUBTEL dio un pequeño paso al modificar la Ley 20.750, permitiendo la creación de un aplicativo complementario que unificará las señales nacionales de forma gratuita. Si bien esto ayuda a las estaciones regionales y comunitarios a llegar a zonas de difícil cobertura, no reemplaza la necesidad de una infraestructura satelital sólida ni resuelve el problema de fondo de la norma. En el caso del satélite, esto ayuda a que miles de chilenos que se encuentren en zonas alejadas, puedan seguir recibiendo los canales de forma gratuita, en lugares donde la televisión por aire o el acceso a internet es prácticamente nula.

Y si hablamos de crisis, el complemento satelital sería como un “parche”. TVN administra el pequeño telepuerto que alberga el satélite Hispasat 74w, y que los canales deben pagar alrededor de 30 millones de pesos mensuales por la utilización de sus servicios al integrar tanto la señal principal como la secundaria -ambas en HD-, razón por la cual la estación pública mantiene una disputa con La Red, que mantiene una deuda de más de mil millones de pesos por la utilización de este servicio y que continúa impaga desde marzo de 2022.

Conclusión: Un futuro incierto

Hablar de TV 3.0 en Chile en la actualidad suena como a ciencia ficción. Y no queremos ser pesimistas ante este avance que llega a pasos agigantados. La industria sigue estancada en la batalla por el rating tradicional y en la búsqueda de viabilidad económica inmediata. En el caso del televidente, un nuevo cambio significaría otro golpe al bolsillo, obligándolos a desechar equipos recientes o invertir en nuevos decodificadores aptos a esta nueva norma.

Mientras Brasil ya corre con ventaja y Argentina comienza a experimentar, la industria televisiva chilena parece a estar destinada a quedarse estancado, atrapado en una norma que, irónicamente, podría morir justo cuando terminó de implementarse tardíamente.