Cada año, artistas de renombre pisan el histórico anfiteatro de la Quinta Vergara en Viña del Mar para deleitar al temido “Monstruo”. Con su despliegue escénico y sus canciones, los intérpretes no solo logran domar al público, sino que también se llevan los trofeos más preciados: las incombustibles Gaviotas de Plata y Oro.

En sus 65 años de trayectoria, este espectáculo veraniego de alcance latinoamericano se ha consolidado como un atractivo turístico de primer nivel, despertando un interés genuino fuera de nuestras fronteras.

A pesar de su éxito, las críticas no han faltado; muchos cuestionan los line-ups recientes y aseguran que la calidad del certamen ha decaído, independientemente del canal organizador (que este año corresponde a Mega). Sin embargo, existe un consenso sobre un año en el que todo fue perfecto: una edición donde los artistas “soñados” fueron parte de la grilla musical, marcando un hito que hasta el día de hoy parece imposible de repetir. Hablamos, por supuesto, del Festival de Viña de 1981.

La bonanza económica del país

Chile era otro país. En medio de la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet, el país experimentaba un crecimiento económico bajo el modelo del libre mercado. Con el dólar fijado a 39 pesos, se vivía un periodo económico próspero conocido como la “Plata Dulce”, lo que permitía a los canales de televisión darse el lujo de traer a megaestrellas internacionales a programas estelares como “Vamos a Ver”, “Lunes Gala” o “Aplauso”, marcando una auténtica era de oro para la industria televisiva y musical.

Aprovechando esta bonanza financiera, el Festival de Viña del Mar logró convocar a artistas que en ese momento dominaban los rankings y eran los más programados en emisoras AM y radios emblemáticas como Radio Pudahuel o Radio Minería.

Así, el miércoles 18 de febrero de ese año, comenzó la XXII versión del certamen. Emitido por Televisión Nacional de Chile (TVN), el evento fue conducido por la clásica dupla de Antonio Vodanovic y María Olga Fernández.

El line-up soñado hecho realidad

Los artistas que pisaron el escenario aquel año son hasta el día de hoy leyendas consagradas que deleitaron al público con sus más grandes éxitos. Uno de ellos fue Julio Iglesias, quien consolidó su relación con el país no solo con su música, sino también al conducir un programa satélite de TVN llamado “Viña en el Mar”, un espacio de entrevistas en un ambiente cálido y hogareño.

Originalmente, el programa se emitiría en vivo a bordo de un yate mientras el cantante navegaba por Reñaca; sin embargo, debido a complicaciones técnicas y logísticas, el productor Pedro Cárdenas debió improvisar una ubicación más estable. El lugar escogido fue la mansión de la familia Yarur, frente a la playa El Encanto, mientras que se destinó una parcela en Olmué como refugio de descanso para el español. Iglesias se presentó en la noche de clausura, el 23 de febrero, dejando para el recuerdo la célebre (y nunca cumplida) frase: “Si tuviera un hijo, le pondría Chile”.

Esa edición también estuvo marcada por la supuesta rivalidad entre Iglesias y el venezolano José Luis Rodríguez, “El Puma”, en una lucha mediática por demostrar quién era el artista más poderoso de la industria. Por su parte, Camilo Sesto conquistó el corazón de las fanáticas con clásicos como “Melina” y “Quieres ser mi amante”, mientras que el “Puma” hizo vibrar a la galería, que encendió antorchas al ritmo de su energía. Miguel Bosé, en plena juventud, enloqueció a su fanaticada con “Don Diablo” y “La Chula”. Mientras que la banda estadounidense KC and the Sunshine Band transformó la Quinta Vergara en una gigantesca fiesta disco, logrando una de las presentaciones anglo más memorables del certamen.

A esta constelación se sumó el maestro Ray Conniff, quien junto a su incombustible orquesta se presentó por tercera vez en Viña. El talento nacional no se quedó atrás, con las actuaciones de Gloria Simonetti, José Alfredo Fuentes y Los Huasos Quincheros. El humor estuvo a cargo del elenco del Jappening con Ja, la icónica “Cuatro Dientes” de Gloria Benavides y las imitaciones de Lucho Navarro.

Hay que destacar que la transmisión llegó a todo el país por TVN y una red de emisoras integrada por las radios Portales, Carolina y Alondra. No obstante, como detalló el diario La Nación, el evento no pudo verse por televisión en la Quinta Región debido a un contrato entre el canal público y la Municipalidad. Esta prohibición buscaba no perjudicar la venta de entradas, incentivando así al público local a asistir presencialmente al anfiteatro.

Un cierre para la historia

La jornada de clausura marcó un hito irrepetible: sobre el escenario coincidieron Julio Iglesias, Miguel Bosé y José Luis “El Puma” Rodríguez. Fue una noche épica, definida por la altísima calidad de los intérpretes, su entrega escénica y el desbordante entusiasmo de un público que no dejó de cantar y vitorear. Aquella postal de las tres estrellas juntas quedó grabada en la historia del Festival de Viña del Mar como un momento de gloria que, hasta el día de hoy, no se ha vuelto a repetir.

En cuanto a la Competencia Internacional, el primer lugar fue para la representante de Alemania Occidental, Cherry Laine, con la canción “Waiting”. El segundo puesto lo obtuvo el chileno Fernando Ubiergo con su tema “Pasajero de la luz”, mientras que el tercer lugar recayó en la estadounidense Marjorie Barnes con “Ahora ya no importa”. Por su parte, el reconocimiento a la mejor intérprete fue para la chilena María Inés Naveillán por su canción “Déjame soñar”.

En la Competencia Folclórica, el máximo galardón se lo llevó el grupo Santiago Cuatro con el tema “Ay, Fernanda”. El segundo puesto fue para la agrupación Santiago del Nuevo Extremo con “Linda la Minga”, una pieza que, a pesar de no obtener el primer lugar, se convirtió en un estandarte del Canto Nuevo en plena época de dictadura.